ANEXO TRES
DIPLOMACIA Y GLOBALIZACION

En un informe de un Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de los Estados Unidos de Norteamérica, titulado “Reinventando la Diplomacia en la Era de la Información” , recolectado justamente mediante Internet, como para comprobar la efectividad de los nuevos medios de información; cuya traducción se presenta a continuación, se analizan aspectos relativos a las reformas que este centro de estudios considera necesarias para la diplomacia norteamericana, a la luz de los profundos cambios tecnológicos que están teniendo lugar en el mundo actual de acelerado avance tecnológico.

En el informe (las negrillas son del autor de este trabajo) se busca: “Reinventar la diplomacia sobre la base de requerimientos tales como los de:

• La revolución en la tecnología de la información,
• La proliferación de nuevos medios de comunicación,
• La globalización en el mundo de los negocios y las finanzas,
• La mayor participación pública en las relaciones internacionales y
• Asuntos complejos que trascienden las fronteras nacionales”.

El informe recomienda cambios en las estructuras del Departamento de Estado y otras agencias internacionales de los EE.UU. Recomendaciones éstas que me parecen válidas para cualquier país, grande como pequeño, ya que las estructuras de las Cancillerías deben participar de las innovaciones del tiempo en que vivimos a riesgo de quedar obsoletas y aunque éstos países no constituyan poderes hegemónicos que tratan de preservar la seguridad y prosperidad internacionales para velar por sus propios intereses, como lo afirma el documento.

“El factor determinante del cambio es la tecnología de la información.

Cuando Gutemberg hace 500 años hizo estremecer la estructura del viejo orden mundial, mecanizando la imprenta; de manera ineluctable siguió a esto una democratización del conocimiento y la expansión del alfabetismo.

A medida que nos acercamos al fin del milenio, el microchip está nuevamente revolucionando al mundo mediante la recolección y transmisión a nivel global de la información, lo que traerá consigo cambios aún más profundos en el próximo siglo, impulsados por la potenciación del poder de la computación y los costos decrecientes de las comunicaciones internacionales.

Los países que antes se comunicaban por intermedio de sus cancillerías o algunos residentes o comerciantes de un país en otro u otros, lo hacen ahora a través de millones de personas, por fibras ópticas, satélites, teléfonos, cables, etc. sin mayor control de un centro.

La Internet que actualmente cuenta con cien millones de usuarios, alcanzará a mil millones el año 2.005 y estará disponible para la mitad de la población mundial para el año 2.010.

La red de redes – que traducida literalmente significa “telaraña a nivel global” – se convertirá en el sistema nervioso central de las relaciones internacionales.

Los nuevos medios de comunicación están disponibles con una inversión modesta, para cualquier persona con un poco de creatividad. Los nuevos empresarios de la informática están desafiando a gobiernos y corporaciones que detentaban el control de los viejos medios de comunicación.

Una página web es creada cada cuatro segundos.

Los periódicos de prácticamente cualquier país del mundo están a nuestro alcance.

Los medios están convergiendo con una combinación de imágenes, impresión, audición y videos para ofrecer una asombrosa gama de informaciones y entretenimiento.

La globalización en el mundo de los negocios y las finanzas ha borrado las fronteras en cuanto respecta a las leyes de la oferta y la demanda. Más de mil millones de millones de dólares por día se intercambian en los mercados monetarios internacionales con poquísima o ninguna intervención de los Estados. El comercio internacional está impulsando la economía norteamericana.

Para el año 2.002 el comercio electrónico aún en su infancia, excederá los 300 mil millones de dólares por año.

Los mercados, aunque más eficientes también se están tornando en más volátiles.

Fomentada por la investigación del gobierno que llevó a la creación de Intelsat e Internet, la innovación norteamericana ha creado una nueva economía de la información que podría seguir floreciendo por décadas.

Aunque se argumenta que los beneficios de la globalización llegarán a la mayor parte de las naciones, existen temores de una creciente diferencia entre ricos y pobres, lo que incidiría en la pérdida de puestos de trabajo en los EE.UU. (transfiriéndose éstos) hacia los países en desarrollo. A medida que el mundo lucha por resolver las crisis asiática, rusa (brasileña) pocos dudan que los cambios traerán consecuencias.

Aunque no se presta mayor atención a la “dimensión pública”, ésta podría llegar a constituir el factor que más afecte la conducta de la diplomacia. En la actualidad, virtualmente, no se adopta iniciativa alguna de gran alcance, sin antes consultar a la opinión pública.

La dimensión pública, no solamente incluye la opinión pública, que desde hace tiempo se ha reconocido como esencial, sino también la consulta, la participación y la acción públicas.

De China a Chiapas gente común está desarrollando nuevas competencias de participación global.

Más de 1.500 ONGs están directamente comprometidas en asuntos internacionales.

Las iniciativas privadas como la donación de Ted Turner de US$ mil millones para una fundación de las NN.UU. o la de US$ 500 millones de George Soros para Rusia (o la de US$ mil millones de Bill Gates para educación) está teniendo profundos efectos en cuestiones de políticas públicas. La dimensión pública está convirtiéndose en el elemento central de la nueva diplomacia y ejerce una influencia crítica en la política internacional.

La era de la información está presentando fuertes desafíos a nuestra diplomacia, sea magnificando los desacuerdos o distrayendo la atención de la gente de problemas vitales en el extranjero. Los temas dominantes de la próxima década incluyen democracia y derechos humanos, armas de destrucción masiva, terrorismo, drogas, crimen global, cuestiones del medio ambiente, problemas de población, de refugiados y de migraciones, enfermedades y hambre. La crítica a la diplomacia norteamericana por no atender estos problemas puede ser severa.

El propósito de nuestra diplomacia es el de cambiar actitudes y comportamientos. Se trata de la práctica de la persuasión entre Estados.

La diplomacia clásica presume que los Estados soberanos controlan las relaciones internacionales. Sin embargo frente a tecnologías que fortalecen impulsos contradictorios de fragmentación e integración y generan problemas súbitos y a menudo descontrolados; la diplomacia del siglo XXI debe abandonar su tendencia al secreto y a la exclusividad.

El Departamento de Estado y agencias afines, actúan de acuerdo a añejas tradiciones y con herramientas que les inhiben de la práctica de la diplomacia de acuerdo a los actuales requerimientos. Se dan fallas en cuanto a: prioridades diplomáticas, standards profesionales, liderazgo, infraestructura, recursos, telecomunicaciones, computadoras, desarrollo de medios de comunicación propios y relaciones con los medios, negocios y grupos de ONGs.

Las ineficiencias en el desempeño diplomático tienen consecuencias tales como el contagio del colapso económico que empezó en Bangkok o la masacre de civiles en Kosovo. La diplomacia norteamericana debe contar con los medios de alertar a la comunidad internacional y moderar cualquier turbulencia que amenace el orden internacional.

Enfrentando una realidad de recursos disminuidos y la necesidad de re enfocar, después de medio siglo de pasada la guerra fría, los intereses de la política exterior norteamericana, el liderazgo efectivo de los EE.UU. en cuanto a mantener la estabilidad internacional se refiere, depende de la habilidad de nuestras agencias de asuntos exteriores de adaptarse a los imperativos de la Era de la Información.

Sin cambios, nuestra diplomacia se ve amenazada con la irrelevancia.

Para actuar efectivamente los EE.UU. necesitarán hacer coaliciones con otros gobiernos, ONGs y corporaciones. Existen pocos ejemplos recientes de éxito en las relaciones internacionales, en que los EE.UU. hayan actuado solos, y ninguno sin contar con el apoyo público (doméstico).

En vista de que la economía norteamericana requiere seguridad global y prosperidad, cada ciudadano tiene parte en la conducción de la diplomacia de los EE.UU. Genocidio en Ruanda, guerra en Kosovo, caos financiero en Indonesia, tests nucleares en India y Pakistan, la explosión demográfica en México – todas estas son amenazas para la estabilidad internacional y para la subsistencia de los obreros norteamericanos.

La cultura de la diplomacia debe ser reexaminada para hacerla más accesible y participativa. La tecnología obsoleta debe desecharse y reemplazarse para lograr una diplomacia más eficiente y relevante incluyendo un mayor grupo de actores tanto internacionales como nacionales en las deliberaciones e implementaciones de la política internacional. Estos cambios requerirán de un liderazgo audaz, que mantenga continuidad (en las decisiones) así como un servicio diplomático mejor entrenado y más eficiente.

Un plan de acción para reinventar la práctica de la diplomacia norteamericana debe desarrollarse bajo la dirección del Secretario de Estado. Medidas a medias, no serán suficientes. Algunas de ellas podían ser:

• El nombramiento de un grupo ejecutivo de alta jerarquía encargado de llevar adelante los cambios sugeridos – liderizado por el Secretario Estado – contando con representantes de la Secretaría de Estado, USAID, USIA, Departamento de Comercio, de Agricultura y otras agencias que tengan que hacer con las relaciones internacionales.
• Formar un Consejo Consultivo compuesto por distinguidos representantes de la empresa privada, el sector académico, el gobierno y las ONGs, para asesorar en materia de estrategias de cambio.
• Establecer con el Congreso un contacto estable para promover el cambio, incluyendo (cambios en) la enmienda Smith-Mundt.
• Anunciar reglas nuevas y más rigurosas para el nombramiento de embajadores políticos y de carrera enfatizando la importancia del profesionalismo en la materia y redefiniendo la autoridad en las embajadas.
• Establecer una agenda detallada y ambiciosa para el cambio
• Revertir la tendencia que ya lleva décadas a reducir los recursos para la conducción de la diplomacia.

El panel consultivo hace seis recomendaciones sustantivas para preparar a la diplomacia norteamericana para los desafíos del próximo siglo a fin de crear un ambiente más accesible terminando con el secreto y la exclusividad y creando una relación más cooperativa con el público:

• Fomentar una mayor participación y vigilancia de parte del público con un liderazgo audaz.
• Reformar la “cultura de la diplomacia” dejando a un lado la actitud de mantener en secreto exclusivo para un grupo de personas, cuestiones que deberían conocerse por todos.
• Reordenar las prioridades diplomáticas acentuando la administración y promoción de programas.
• Desarrollar un sistema más amplio de relaciones profesionales mediante el trabajo entre redes institucionales.
• Prestar más atención a la opinión publica doméstica e internacional.
• Balancear o buscar el equilibrio entre seguridad y apertura.

Para lograr un modelo de coordinación disciplinada para el manejo de la diplomacia, se recomienda reemplazar el modelo de control jerárquico del pasado por otro que implique una toma de decisiones descentralizada, delegaciones de autoridad y una moderna eficiencia burocrática, para lo que se recomienda:

• Adoptar un nuevo paradigma que reconozca los roles distintivos de las diferentes agencias de servicio exterior.
• Desarrollar un plan ordenado de trabajo en el que se premie la excelencia.
• Designar responsables.
• Identificar constituyentes.
• Fortalecer una diplomacia de vanguardia.
• Llegar a acuerdos relativos al establecimiento de objetivos y escalas de valores.

Luego, para dirigir un renacimiento del profesionalismo y reemplazar las viejas reglas de manejo de fuerzas de trabajo, se piensa que deben crearse nuevas oportunidades y fomentar el desarrollo profesional continuo mediante:

• Reforma del servicio de carrera diplomática,
• Creación de un servicio (diplomático) de reserva,
• Establecimiento de grupos virtuales regionales y funcionales.
• Revisión del planeamiento y dirección de la fuerza de trabajo,
• Fomento del servicio conjunto mediante el intercambio (de personal)con otras agencias,
• Requerimiento permanente de desarrollo profesional.

Para lograr la actualización de la tecnología de la información llevándola a standards corporativos, se recomienda la adquisición de nuevas tecnologías que apoyen el desarrollo de las prioridades claves dentro de la diplomacia:

• Desarrollar una estrategia (de recolección) de la información que permita llevar adelante los intereses nacionales.
• Modernizar las telecomunicaciones.
• Actualizar las computadoras.
• Desarrollar una red de Relaciones Exteriores.
• Designar y prestar servicio a los usuarios clave de las tecnologías de información.
• Proveer recursos para la tecnología de la información de acuerdo a las necesidades.

Para que la diplomacia adquiera mayor trascendencia y no se la considere en forma secundaria, se recomienda que ésta sea proactiva en la promoción de políticas y valores norteamericanos e interactiva en el intento de comprometer las opiniones públicas tanto domésticas como extranjeras:

• Redefinir la diplomacia pública.
• Anular las partes de la Enmienda Smith-Mundt que prohiben la diseminación (de información) a nivel doméstico.
• Fortalecer las relaciones con las varias ONGs.
• Fortalecer las relaciones con la comunidad académica.
• Mejorar las relaciones con los medios de comunicación a nivel nacional e internacional.
• Modernizar las transmisiones con un Canal de Relaciones Internacionales a nivel global, con capacidad de innovación.

Para asegurar la competitividad norteamericana en la economía global, los EE.UU. debería fortalecer su habilidad de expandirse en los mercados globales y prestar asistencia a las empresas norteamericanas en el extranjero:

• Mejorar el status de los agregados comerciales incluyendo intercambios con el sector privado.
• Fortalecer el rol de los embajadores en el mejoramiento de lazos comerciales.
• Establecer centros norteamericanos de información (en cuestiones comerciales y de negocios) en los grandes mercados emergentes.
• Establecer un centro global para comercio y finanzas.
• Proveer de mayores recursos a la oficina de representantes de comercio, para fortalecer negociaciones globales.
• Mantener el apoyo a la diplomacia multilateral (que se lleva a cabo a través) de organizaciones internacionales.

A pesar de las muchas posibilidades que se abren con la Era de la Información, el mundo en el que la diplomacia opera continúa constituyendo un lugar peligroso. Si se falla en responder a los imperativos de cambio, la seguridad y prosperidad norteamericanas se verían amenazadas así como nuestro respeto por la humanidad. La diplomacia norteamericana debe estar guiada por la coherencia, capacidad, disciplina y agilidad. Debe estar caracterizada por una actitud abierta y permeable. Tiene que cambiar ahora”.