EL CIEGO


Había una vez un hombre ciego que, sentado en la vereda pedía limosna, para lo que había puesto a su lado una vieja gorra y un rústico trozo de madera en el que había escrito con tiza:

"POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO".

Un señor que trabajaba creando publicidad y que pasó frente a él, se detuvo y observó que en su gorra había ... muy pocas monedas. Sin solicitar la autorización del cieguito, tomó el cartel, lo dio vuelta, tomó una tiza y escribió otro texto. Volvió a colocar el rústico trozo de madera a los pies del ciego y se fue. Por la tarde cuando este creativo de publicidad volvió a pasar frente al ciego, observó que su gorra ¡estaba llena de billetes y monedas! ...

El ciego que, con ese oído fino que por compensación de la naturaleza suelen tener los ciegos, reconoció sus pasos, le preguntó qué era lo que había hecho en la mañana con su cartel para que le produjera tan buenos resultados. El publicista le respondió: "Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras". Sonrió y continuó su camino. El ciego se quedó pensativo y tenía mucha curiosidad, por saber lo que decía su propio cartel por lo que solicitó a un niño que pasaba que tuviera a bien leérselo.
Y el niño leyó:

"HOY ES PRIMAVERA, Y NO PUEDO VERLA".

En su libro “Hamlet como una rama crece de su nombre” (que pronto aparecerá en este site), nos dice Luis Luksic algo sobre el “poder mágico de la palabra”:

“ ... y cúal es el material más duro que el mármol, más firme que el acero y más fresco que una flor, que en vez de envejecer rejuvenece; el material con el que está construido el Hamlet, ¿cuál es?. El mismo nos responde cuando Polonio le pregunta: ¿Que lee Hamlet?. Haciendo alusión a un libro que lleva en la mano y el contesta: “Palabras, palabras, palabras”. Una de ellas ... una de esas palabras, puede matar, incendiar países, revelar sortilegios. Tiene ella un poder mágico, terrible, increible. Confiar en la fuerza de las palabras es poseer el secreto más intenso del universo ...”

Y es que dependiendo cómo se presenta algo, puede obtenerse un resultado u ... otro muy diferente. También Nietzche nos dice: “Escribe con sangre y verás que la sangre es espíritu”. Y es que cuando apelas a los sentimientos estás llegando directamente al corazón de los argumentos, con toda la "inteligencia emocional", que tal vez ha salvado al mundo en el correr de los siglos y que luego, más tarde, en realidad constituiría la escencia del drama.